¿Qué recuerdos guardas de AFORCADE?
AFORCADE para mí son los inicios en el sector del empleo. Recuerdo al equipo, a Franco, el fundador de AFORCADE, fue una oportunidad de aprendizaje, un ámbito por descubrir. Asimilé AFORCADE a los viveros de empresas y para mí, AFORCADE fue un vivero de profesionales. Aprendíamos, avanzábamos y ganábamos confianza como profesionales en el sector del empleo.
¿Qué aportó AFORCADE en tu carrera profesional?
Aprendizaje, apoyo personal y profesional, evolución profesional, confianza de rol y, sobre todo, pertenencia al equipo y gratitud al mismo.
¿Cómo ha evolucionado AFORCADE desde que tú empezaste hasta ahora?
AFORCADE comenzó poniendo, en su eje central, el apoyo profesional a la persona usuaria del programa en cuestión, cuidando siempre al equipo de trabajo y exigiendo calidades en la ejecución y finalización. Creo que en la actualidad se ha convertido en un equipo más grande y, aunque la filosofía central se mantiene, requiere de una mayor capacidad de gestión de RRHH para mantener las calidades que siempre ha perseguido la Asociación.
¿Cómo se ve a AFORCADE desde fuera?
Una Asociación trabajadora, luchadora, creciente y sabedora de los puntos que tiene que poner en valor para seguir creciendo. No obstante, no me detengo en las carencias porque en la actualidad no las conozco. Pero, insto a AFORCADE a la reflexión sobre sus carencias para proyectar medidas reales de mejoras en sus procesos de ejecución y crecimiento constante.
¿Hacia dónde se dirige el mundo de la orientación laboral?
Desde mi realidad, como técnica de orientación y tutora de formación de programas de empleo, en la actualidad se puede observar, por las exigencias de la administración central, una escasa calidad en la atención y en la dirección de la orientación, estereotipando atenciones para conseguir objetivos cuantitativos de programas.
Pero es muy esperanzador experimentar como hay una nueva oleada de profesionales de la orientación laboral que, por su convicción y vocación, proyectan la orientación desde el conocimiento preciso y actualizado de las herramientas y recursos sociales del contexto real en el que se desarrolle la acción de orientar; así como la actualización constante de su perfil técnico y de sus habilidades digitales.
Quiero acabar destacando el matiz más importante, que no pueden olvidar las personas especialistas en la orientación laboral, que es la parte más humanizada de su acción, hay que resaltar la gran importancia del lugar que ocupa la persona que llega al programa, depositando la confianza de su futuro laboral en la personas especialistas, pues su autoestima profesional y personal llegan tan afectadas, que como profesionales, hay que poner a su disposición un gran crisol de posibilidades, de estilos de desarrollo hacia donde concretemos su objetivo; dibujando con la persona un itinerario de inserción en el que se respeten sus competencias naturales o soft skills, recopilando sus experiencias y asimilando nuevas competencias técnicas para la creación de su nuevo perfil profesional en el que crea, como en esa piel, cual escudo protector y ganador, que le permita participar en cualquier proceso de selección con la confianza que quizá nunca tuvo o que pedión en el camino del desempleo.